domingo, 16 de febrero de 2014

JAIME SABINES


JAIME SABINES- ME TIENES EN TUS MANOS
Me tienes en tus manos y me lees lo mismo que un libro. Sabes lo que yo ignoro y me dices las cosas que no me digo. Me aprendo en ti más que en mi mismo. Eres como un milagro de todas horas, como un dolor sin sitio. Si no fueras mujer fueras mi amigo. A veces quiero hablarte de mujeres que a un lado tuyo persigo. Eres como el perdón y yo soy como tu hijo. ¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo? ¡Qué distante te haces y qué ausente cuando a la soledad te sacrifico! Dulce como tu nombre, como un higo, me esperas en tu amor hasta que arribo. Tú eres como mi casa, eres como mi muerte, amor mío.









JAIME SABINES- LA LUNA





La luna se puede tomar a cucharadas 

o como una cápsula cada dos horas. 

Es buena como hipnótico y sedante 

y también alivia 
a los que se han intoxicado de filosofía. 
Un pedazo de luna en el bolsillo 
es mejor amuleto que la pata de conejo: 
sirve para encontrar a quien se ama, 
para ser rico sin que lo sepa nadie 
y para alejar a los médicos y las clínicas. 
Se puede dar de postre a los niños 
cuando no se han dormido, 
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos 
ayudan a bien morir. 

Pon una hoja tierna de la luna 
debajo de tu almohada 
y mirarás lo que quieras ver. 
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna 
para cuando te ahogues, 
y dale la llave de la luna 
a los presos y a los desencantados. 
Para los condenados a muerte 
y para los condenados a vida 
no hay mejor estimulante que la luna 
en dosis precisas y controladas.




JAIME SABINES- LOS AMOROSOS



Los amorosos callan. 

El amor es el silencio más fino, 

el más tembloroso, el más insoportable. 

Los amorosos buscan, 

los amorosos son los que abandonan, 

son los que cambian, los que olvidan. 



Su corazón les dice que nunca han de encontrar, 

no encuentran, buscan. 

Los amorosos andan como locos 

porque están solos, solos, solos, 

entregándose, dándose a cada rato, 

llorando porque no salvan al amor. 




Les preocupa el amor. Los amorosos 

viven al día, no pueden hacer más, no saben. 

Siempre se están yendo, 

siempre, hacia alguna parte. 

Esperan, 

no esperan nada, pero esperan. 




Saben que nunca han de encontrar. 

El amor es la prórroga perpetua, 

siempre el paso siguiente, el otro, el otro. 

Los amorosos son los insaciables, 

los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos. 

Los amorosos son la hidra del cuento. 




Tienen serpientes en lugar de brazos. 

Las venas del cuello se les hinchan 

también como serpientes para asfixiarlos. 

Los amorosos no pueden dormir 

porque si se duermen se los comen los gusanos. 

En la oscuridad abren los ojos 

y les cae en ellos el espanto. 

Encuentran alacranes bajo la sábana 

y su cama flota como sobre un lago. 




Los amorosos son locos, sólo locos, 

sin Dios y sin diablo. 

Los amorosos salen de sus cuevas 

temblorosos, hambrientos, 

a cazar fantasmas. 

Se ríen de las gentes que lo saben todo, 

de las que aman a perpetuidad, verídicamente, 

de las que creen en el amor 

como una lámpara de inagotable aceite. 




Los amorosos juegan a coger el agua, 

a tatuar el humo, a no irse. 

Juegan el largo, el triste juego del amor. 

Nadie ha de resignarse. 

Dicen que nadie ha de resignarse. 

Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. 

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, 

la muerte les fermenta detrás de los ojos, 

y ellos caminan, lloran hasta la madrugada 

en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. 




Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, 

a mujeres que duermen con la mano en el sexo, 

complacidas, 

a arroyos de agua tierna y a cocinas. 

Los amorosos se ponen a cantar entre labios 

una canción no aprendida, 

y se van llorando, llorando, 


la hermosa vida.








JAIME SABINES- LA COJITA ESTÁ EMBARAZADA


La cojita está embarazada. 
Se mueve trabajosamente, 
pero qué dulce mirada 
mira de frente. 

Se le agrandaron los ojos 
como si su niño 
también le creciera en ellos 
pequeño y limpio. 
A veces se queda viendo 
quién sabe qué cosas 
que sus ojos blancos 
se le vuelven rosas. 

Anda entre toda la gente 
trabajosamente. 
No puede disimular, 
pero, a punto de llorar, 
la cojita, de repente, 
se mira el vientre 
y ríe. Y ríe la gente. 

La cojita está embarazada 
ahorita está en su balcón 
y yo creo que se alegra 
cantándose una canción: 
«cojita del pie derecho 
y también del corazón»

JAIME SABINES- ME DOY CUENTA QUE ME HACES FALTA

Me doy cuenta de que me faltas 
y de que te busco entre las gentes, en el ruido, 
pero todo es inútil. 
Cuando me quedo solo 
me quedo más solo 
solo por todas partes y por ti y por mí. 
No hago sino esperar. 
Esperar todo el día hasta que no llegas. 
Hasta que me duermo 
y no estás y no has llegado 
y me quedo dormido 
y terriblemente cansado 
preguntando. 
Amor, todos los días. 
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta. 
Puedes empezar a leer esto 
y cuando llegues aquí empezar de nuevo. 
Cierra estas palabras como un círculo, 
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo. 
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas, 
en mi garganta como moscas en un frasco. 
Yo estoy arruinado. 
Estoy arruinado de mis huesos, 
todo es pesadumbre.









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